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Muñeca sin Rostro
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NUESTRA MUÑECA SIN ROSTRO
El hecho de que las muñecas no tengan rostro refleja
perfectamente la realidad latinoamericana donde se da un sincretismo racial,
producto de la conquista y colonización, así como la llegada de los esclavos,
sin olvidar a los aborígenes.
Fruto de una agitada historia y de la mezcla de culturas, el
pueblo dominicano se siente heredero de la fusión de mil tribus y razas; la de
los indígenas tainos primeros pobladores de la isla, la de los españoles
conquistadores y la de los esclavos negros traídos posteriormente de África. Por
eso una de las más preciadas artesanías de República Dominicana son las muñecas
sin rostros, mujeres de barro sin rostro, que donde uno la imagina mulata, otro
las sueña con rasgos europeos o trigueños. Suelen llevar vestido largo criollo y
se representan cargando agua en tinajas, vendiendo fruta u ofreciendo flores,
con la cabeza cubierta por un pañuelo de Madrás o por un sombrero de ala ancha.
Nunca sabemos cuál es el sentimiento, el alma de esta caribeña sin expresión
alguna, sin ojos, nariz ni boca, que pese a ello ha sido modelada con la
sensualidad inconfundible de la mujer dominicana.
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